Sin Fórmulas

Nunca nos propusimos llegar a tanto, nunca fue una meta por cumplir. Y tampoco hicimos caso a las fórmulas ni los pronósticos. Nos aburrimos de escuchar siempre eso de que “los pololeos largos no funcionan”, “unos amigos pololearon 7 años y después no duraron nada”, “tienen que conocer a más personas”, “empezaron demasiado jóvenes”, “así no funciona”. Pero lo nuestro sí funciona. Él ha sido mi compañero siempre, y he tratado de estar a su lado en todas. Y hemos pasado de todo: crisis, depresiones, confusiones, triunfos, sueños, descubrimientos.
Nosotros hicimos todo al revés. Todo en nuestra historia es diferente de lo establecido o de lo que es “políticamente correcto”. Y eso demuestra que no hay fórmulas, que no hay una sola manera de embarcarse en esto para que resulte. Todo supuestamente nos llevaba a un fracaso. Pero que todavía lo mire y me emocione de sólo saber que lo tengo a mi lado, que con una mirada me deje totalmente entregada, que todavía tengamos un proyecto juntos, que nos sintamos cómplices y enamorados, algo debe significar.
El mejor ejemplo es lo que pasó anoche. Habíamos hecho varios planes: salir a alguna parte o por lo menos tener una cena romántica. Pero todo salió mal. Primero, me tuve que quedar hasta más tarde en la oficina, no hubo caso. Y cuando llegué a la casa, la Feña se había despertado ( = pilas cargadas, guagua revoloteando por lo menos por un par de horas). Él me esperaba con un enorme ramo de rosas y me preparó algo de comer.
Conversamos harto, jugamos con la Fernanda -que estaba deliciosa- y al final me rendí y me dormí. Nada salió como lo planeamos. Nada muy romántico ni menos la lujuriosa celebración que nos habíamos prometido. Pero la última imagen que tengo es de él a mi lado, haciéndome cariño. Celebraciones hay muchas, y en realidad podemos hacerlo cuando queramos. Pero saber que todas las noches me puedo dormir con él a mi lado, es el mejor regalo que pude tener en este aniversario.